Salvando estrellas

Desde hace tiempo, vengo notando una tendencia horrible en nuestro país: somos unos quejicas.

Partimos de la base de que todo es mejorable, de que en todo se puede hacer más, de que todo se puede hacer mejor… Estamos de acuerdo. Y que es nuestra responsabilidad como ciudadanos ser críticos y señalar los problemas (y ojo, intentar arreglarlos) de la sociedad, de la política, de la vida… Estamos de acuerdo.

Pero es que esta tendencia de los quejicas, la vengo observando desde hace años, cada vez más, y sigue unos patrones más o menos similares: el gobierno (nacional o autonómico, o el ayuntamiento) da unas ayudas* y entonces, claro, alguien se queda fuera de la ayuda. Y empiezan las quejas. Pero es más, el que la recibe, tampoco se queda agusto y dice que es insuficiente (en tiempo, en cantidad, en modo o en lo que sea…)

¿Y al final qué tenemos? Una población X que se queja por seguir como está y una población Y que se queja por estar solo un poquito mejor. Pues eso… quejicas.

* Ojo, ayudas!! Que la palabra ayuda es la que es. Y no otra

Y todo esto me ha recordado un cuento que me envió una gran amiga (gracias Petru) y que, creo, es bueno que tengamos siempre en mente.

Paseando por la playa, a lo lejos, vi una persona que repetidamente se agachaba, recogía algo y lo lanzaba al mar.
Extrañado, me acerqué y me di cuenta de que estaba devolviendo las estrellas que la marea al bajar había abandonado en la arena.
Al preguntarle el porqué de su esfuerzo comentó que si no las devolvía al mar, morirían asfixiadas.
Al oir la respuesta le expliqué que su esfuerzo era inútil, pues eran multitud las estrellas abandonadas en la playa, que habiá montones de playas más y que él sólo no podría salvarlas a todas; que no valía la pena…
El hombre, sin parar de agacharse y sin parar de devolver estrellas, con alegría me dijo:
“Pregúntale a esta estrella si merece la pena o no el que yo me agache”.
Y al decirlo, la tiró al agua…y volvío a agacharse.


Arco de la Victoria

Y ¿qué hacemos contigo? Te podemos dejar, quitar, modificar, trasladar…

A mí, personalmente, no me hace ninguna gracia ver el monumento de un triunfo que trajo 40 años de retraso para España de la mano de miles de muertos.

Arco del Triunfo

Arco de la Victoria

Foto tomada del flickr de Albert Medrán


Están muertos

Están muertos. Quizá no lo sepan. Pero nosotros sí. Lo sabemos desde hace mucho tiempo. Lo sabemos cada vez que salímos a la calle y cada vez que nos levantamos aunque nos duela el alma. Están muertos. Y solos. Es una guerra (sí, guerra) sin sentido. Una guerra donde unos ponen bombas y otros flores. No tienen sentimientos aquellos que luchan por la libertad, en su santo nombre, bajo capuchas y armados hasta los dientes. Es una guerra donde sólo hay perdedores. Porque ellos ya han perdido todas las batallas pero el precio lo estamos pagando nosotros.

Están muertos. Y quizá lo saben. Por eso actúan así. Porque sus manos ya están manchadas de sangre. Y la diferencia solo radica en ser enterrado con sangre fesca o reseca en ellas. Pero sangre habrá. Y entierro. Porque están muertos.

Están muertos. Seguro que lo saben. Solo quien se sabe muerto puede ser tan indiferente a sus vecinos. Actuan como zombies, aterrando, creyéndose protagonistas de una película que dejó de tener director hace tiempo. Y las salas de cine, ya sabemos, cada día están más vacías. Ya nadie les ve. Solo es un título en cartelera.

Están muertos cuando destruyen una calle para construir una frontera.

Están muertos. Y cada vez son menos. Sus minorías son más minorías y la libertad es mayor. Aquí, en el lado de ese enemigo que imaginan. Y allí, en el lado de esa hermosa tierra que quieren para ellos solos. Para ellos, en nombre de tantos supuestos, de tantas supuestas luchas, de tantos supuestos ataques, de tantas supuestas mierdas… que al final, los únicos nombres que quedarán en la historia son los de las vidas que ellos han quitado. Se debe de sentir uno poderoso quitando una vida. Sólo así se explica que las razones políticas vayan escritas bajo un coche y no en libros. Solo un muerto sería capaz de agacharse tanto, hasta humillar su condición humana.

Ellos ya están muertos. Que no se nos olvide nunca a los vivos.


¿Datos o sensaciones?

Si a cualquiera de nosotros nos preguntaran por dos noticias que salen todos los días en los periódicos seguramente una iría por el Gürtel y otra por la violencia de género. Es una sensación que seguramente tengamos todos: todos los días muere una mujer a manos de su pareja.

Pero para eso están los datos. Y aunque son preocupantes (31 mujeres en lo que va de año) son los datos más bajos desde el 2003, que es desde que se tienen datos más detallados.

Quizá por esto mismo no hay que legislar a golpe de titular


Coherencia

Son fichajes “imperialistas, prepotentes, propios de la cultura del chollo.”

Joan Laporta ante los fichajes de Cristiano Ronaldo (94 millones de euros) y Kaká (67 millones)

Zlatan Ibrahimovic

Zlatan Ibrahimovic, 85-90 millones de euros.

Por cierto, ¿qué pensará de todo esto, Martínez Sistach, Obispo de Barcelona?


Los jóvenes de hoy

“Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.”

No lo ha dicho ningún tertuliano en el programa de Ana Rosa. No. Lo dijo un tal Sócrates hace unos 2.400 años, día arriba, día abajo. Si ayer hablabamos de los últimos sucesos violentos y de qué hay que hacer para solucionarlo, recordando esta frase yo me pregunto:

¿Ha evolucionado tan poco la humanidad que seguimos con los mismos problemas y con las mismas quejas? ¿Acaso solo ha cambiado la “edad” de la juventud? ¿Somos menos civilizados de lo que nos creemos? ¿O simplemente son hechos aislados entre millones de habitantes?


Muerte en San Fermín.

Hoy, que ha muerto el primer corredor en este San Fermín (toros ya han muerto algunos), vendría bien que pensasemos un poquito más. Las tradiciones no están mal, pero reflexionar no hace daño.

070709-san-fermin

Por JRMora.